Un guerrillero en Bienestar Social

| Texto: José María Morillo
Hay políticos que ocupan cargos y otros que ocupan causas. Juan Bocanegra Muñoz pertenecía a esta última especie, cada vez más rara. No entendió la política como una profesión ni como una escalera hacia los privilegios. La entendió como un deber. Quizá porque la vida le había enseñado demasiado pronto que la existencia no siempre reparte las cartas de forma justa.
Cuando falleció en el año 2000, dejó tras de sí algo más valioso que un despacho o una concejalía: dejó una huella moral de la que había dimitido poco antes por su enfermedad. Durante años fue la cara visible de una de las áreas más complejas y dolorosas del Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, Bienestar Social, un territorio donde las estadísticas tienen nombre y apellidos, donde los problemas llegan sin cita previa y donde la realidad suele ser más dura que los discursos engolados.





