| FOTO 1. Portada de la Velada de la Victoria en 1900, resguardada por las estatuas de las Cuatro Estaciones.
| Texto: Enrique Pérez Fernández
El Paseo de la Victoria no solo fue un hermoso lugar de esparcimiento para pasear y conversar. También fue el marco donde se celebraron ferias y veladas durante el verano. La mención más antigua que conozco de la llamada Feria de la Victoria es de 1777, 43 años después de que el Capitán General Tomás Idiáquez habilitara el paseo. Que compartió el calendario festivo en los veranos de aquel fin de siglo con la Feria de Santa Ana, celebrada durante tres días --del 26 de julio (su festividad) al 28-- en el otro extremo de la ciudad, a orilla del Guadalete, en el despoblado Campo del Socorro, junto a la ermita de Nuestra Señora del Socorro (posterior de San Antón y sucesora de la ermita de Ntra. Sra. de Guía).
El colaborador de Gente del Puerto distinguido por el prestigioso programa de Radio Puerto
| Texto: José María Morillo
El investigador y flamencólogo portuense Antonio Cristo Ruiz fue galardonado el 20 de marzo de 2026 con uno de los Premios «Calle Lechería» que concede el programa flamenco homónimo de Radio Puerto, dirigido y presentado por Javier Villar.
Este reconocimiento que no se pudo materializar en su día por encontrarse nuestro protagonista en su residencia de Madrid, destaca la importante labor de difusión, conservación y estudio de la cultura flamenca de Cristo Ruiz, por lo que su entrega se pospuso para el pasado mes de agosto, donde estuvo acompañado de los artistas: Selu del Puerto, Aitana de los Reyes y Wilo de El Puerto.
Antonio Cristo Ruiz cuenta con una prolífica trayectoria como flamencólogo e investigador histórico en El Puerto de Santa María. Su trabajo destaca principalmente por rescatar la memoria de artistas olvidados y documentar la historia local a través de intensas jornadas en Archivos Históricos de Madrid, Cádiz, Jerez, Sevilla y El Puerto de Santa María.
Su toma de posesión en 'Santa Cecilia' convierte un expediente parroquial en una aportación a la historia de España
| Texto: José María Morillo
Anoche, en el Castillo de San Marcos, tuvo lugar la solemne sesión de ingreso como académica de número de la de Bellas Artes ‘Santa Cecilia’ de Ana Becerra Fabra, licenciada en Historia General, investigadora y archivera que fue del Archivo Histórico Municipal y colaboradora del de la Iglesia Mayor Prioral, hoy basílica. Respondió a su discurso de investidura el también académico y doctor en Historia, Javier Maldonado Rosso. Nutrida presencia municipal con los concejales Javier Bello, Enrique Iglesias, Eugenia Lara y José Antonio Gomila.
El discurso de ingreso versó sobre Un documento en el Archivo Parroquial de la Prioral relacionado con José María Torrijos Uriarte. Sus raíces portuenses en la familia Uriarte Borja.
| La mesa presidencial durante el acto de toma de posesión. De izquierda a derecha, la nueva académica, Ana Becerra; el presidente de BBAA, Luis Garrido; el académico Javier Maldonado y la secretaria del cuerpo de académicos, Carmen Cebrián.
El estudio de Ana Becerra Fabra no solo ilumina un episodio decisivo de la lucha por las libertades en España. También enlaza la gran historia nacional con la memoria íntima de El Puerto de Santa María: sus archivos, sus calles, sus antiguos palacios y una familia portuense que dejó su huella en la biografía de uno de los principales símbolos del liberalismo español.
| FOTO 1. Acceso al Paseo de la Victoria a comienzos del s. XX, presidido por las estatuas de las Cuatro Estaciones. A la derecha, espacio del antiguo naranjal. Foto, Archivo Municipal.
| Texto: Enrique Pérez Fernández
Tratamos en la anterior entrega del origen del Paseo de la Victoria (1734-1735), creado a iniciativa del Capitán General Tomás Idiáquez y habilitado en dos sectores: de este a oeste, un naranjal cuadrangular (en parte ocupado por el IES Muñoz Seca) y de sur a norte una larga alameda que se prolongaba hasta el camino del Tejar (480 m), hoy conservado en la mitad de su longitud, al que dedicamos esta entrega.
Un sucesor de Idiáquez, el Capitán General Alejandro O’Reilly, en 1779 renovó la alameda, al tiempo que formó un arrecife que daba paso a la ciudad por la calle Larga, levantó el puente de barcas que en su honor llamaron de San Alejandro y en el entorno de la plaza de las Galeras creó otro paseo, el Vergel del Conde.
| FOTO 2. Plano del Paseo de la Victoria de 1861. Archivo Municipal.
El autor recibe el Primer Premio de Relatos por una obra que juega con la historia, el tiempo y la imaginación
| Juan Rincón, recogiendo el premio de manos de la alcaldesa de Monesterio (Badajoz), Loli Vargas.
| Texto: José María Morillo
El escritor portuense Juan Luis Rincón Ares sumó el pasado 8 de septiembre un nuevo reconocimiento a su trayectoria al recibir el Primer Premio del XXXV Certamen Literario de Relato «Villa de Monesterio», convocado por la Universidad Popular y el Ayuntamiento de esta localidad pacense.
El maestro que puso lo humano por encima del aplauso
| Juan Luis Rubiales y Juan Tamariz en una actuación en la Sala Milwau14kee, hace unos años.
Juan Luis Rubiales despide con profunda emoción a Juan Tamariz (1942-2026, fallecido a los 83 años), su mentor, amigo y padre artístico, a quien conoció cuando apenas tenía 14 años. Junto a él aprendió los secretos de la magia, pero también una lección esencial: el público, la familia y los afectos deben estar siempre por encima del escenario. Durante décadas compartieron actuaciones, viajes, ensayos, celebraciones y momentos cotidianos que hicieron de Tamariz un miembro más de su familia. Su maestro le confió juegos, rutinas y proyectos, entre ellos un libro que ambos dejaron pendiente sobre el control perpendicular. La noticia de su muerte sorprendió a Rubiales actuando a bordo del Sun Princess, donde continuó haciendo magia con un nudo en la garganta. Ahora, su mejor homenaje será mantener vivo su legado: mirar al público con cariño y regalarle, como él le enseñó, un instante de felicidad | José María Morillo
| Texto: Juan Luis Rubiales
Se fue Juan Tamariz. Mi mentor, mi amigo, mi padre artístico.
| Allá por el año 1993
Lo conocí cuando tenía 14 años y desde entonces ha estado presente en prácticamente toda mi vida. Me enseñó a amar profundamente la magia, pero, por encima de ella, a amar al público. Y todavía algo más importante: me enseñó que ninguna pasión, ningún escenario y ningún aplauso deben estar jamás por encima de la familia, de los amigos y de las personas que queremos. Que lo humano siempre está por encima de lo artístico.
| FOTO 1. Acceso al Paseo de la Victoria a comienzos del siglo XX, flanqueado por estatuas de las Cuatro Estaciones.
| Texto: Enrique Pérez Fernández
Sabido es que el solar del Paseo de la Victoria antes de habilitarse como tal lo ocupaba una parte de las extensas huertas del inmediato convento de Nuestra Señora de la Victoria, que en sus trazas principales se construyó entre 1504 y 1517 bajo el amparo de los duques de Medinaceli en el lugar que hasta entonces existió una ermita con la advocación de San Roque.
Las huertas, además de ocupar grosso modo el espacio del actual Paseo y del Instituto Muñoz Seca, se prolongaban a espaldas del convento hasta el Camino del Tejar (actual avda. de las Américas). Frente a la iglesia los franciscanos tenían un olivar, cuyo espacio sería integrado en el primer Paseo de la Victoria que se habilitó en 1734-1735. Lindaba entonces, hacia el Matadero (1697) y el Caño del Molino (abierto en 1701), con otra gran huerta, conocida como Huerto de Ceballos (quizás propio de Juan o Lázaro Ceballos, ambos regidores del cabildo).
|FOTO 2. Detalle de un plano de la traída de agua a la ciudad, inicios de la década de 1730. Servicio Geográfico del Ejército. A la derecha, interrumpido en el plano general, las huertas del convento que llegaban al Palmar de la Victoria. En el centro, el olivar que se integró en el Paseo de la Victoria (arriba huertas del convento). Abajo, el Huerto de Ceballos. A la izquierda, huertas del convento del Espíritu Santo.
| Victoria Arrobas Vila, delante de la farmacia que regentó durante décadas en la calle Micaela Aramburu esquina con Palacios | Foto: Miguel Ángel Benjumeda.
| Texto: José María Morillo
Victorina Arrobas Vila, farmacéutica vinculada durante la mayor parte de su vida a El Puerto de Santa María, falleció el sábado 8 de agosto de 2026, a los 95 años. Su nombre permanece unido a la farmacia que estuvo situada en la esquina de las calles Micaela Aramburu y Palacios, donde atendió a varias generaciones de portuenses. Trabajó hasta los 85 años y protagonizó una trayectoria poco habitual entre las mujeres de su generación: retomó los estudios universitarios después de casarse y criar a sus seis hijos.
Ángel María González, sargento y hasta mediados del mes de agosto jefe del Parque de Bomberos de El Puerto de Santa María, ha puesto fin a más de treinta años de trayectoria profesional dedicada a combatir incendios, intervenir en accidentes y atender rescates y emergencias de toda naturaleza. Representantes municipales y del Consorcio de Bomberos, así como compañeros se sumaron al homenaje del pasado agosto celebrado en el Ayuntamiento con motivo de su jubilación. Padre del concejal socialista del mismo nombre, González cierra una etapa marcada por la vocación de servicio y por una forma de entender el oficio en la que ayudar siempre estuvo por encima de cualquier otra consideración.
El alojamiento está situado frente a la plaza de España y la Prioral
| Texto: José María Morillo
Casa Monbull El Puerto ocupa un inmuelbe de la burguesía local con cerca de dos siglos de historia, situada al inicio de la calle Palacios, frente a la Plaza de España y la Prioral. Su propietaria, Marta Montoro, CEO de Monbull y vicepresidenta de la Fundación GMP, la convirtió en 2024 en un singular alojamiento con capacidad para diez personas. La casa combina arquitectura histórica, arte contemporáneo, colores atrevidos y una marcada influencia mexicana. Sus cinco habitaciones, patios interiores y amplias zonas comunes poseen una personalidad propia, alejada de los alojamientos convencionales. La azotea ofrece unas vistas privilegiadas de la Basílica de los Milagros y del caserío del centro histórico. Además, propone experiencias personalizadas para que sus huéspedes no solo visiten El Puerto, sino que lo vivan desde dentro.
Quede claro que en esta viñeta he querido retratar lo espléndidamente que anda la Ciudad: Jóvenes con oportunidades, empleados en lo suyo y no en lo que hubiere; vivienda protegida al alcance de cualquier nómina; sueldos dignos, contratos sin fecha de caducidad por estacionalidad y balcones habitados por sus legítimos titulares. Somos, en esto, ejemplo para España y el mundo, y convendría que España y el mundo tomaran nota antes de que se nos pase el momento; de éxito también se muere.
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